lunes, 30 de junio de 2014

Plagiomenaje a Cortázar

PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES PARA CARGAR UN IPAD

Piensa en esto; cuando te regalan un IPad te regalan un pequeño infierno florido, unas esposas de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el IPad, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, con pantalla táctil; no te regalan solamente esa pequeña tableta que atarás a tus manos y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su cable USB imaginario como una bandejita desesperada colgándose de tus manos. Te regalan la necesidad de cargar las baterías todos los días, la obligación de cargarlo para que siga siendo un IPad. Te regalan la obsesión de atender a la más mínima sugerencia de las redes sociales, en Facebook, en Twitter, en Linkedin, por  email, por Skipe. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa y lo que es peor, de perder seguidores o no ganarlos. Te regalan su marca y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu IPad con las demás tablets. No te regalan un IPad, tu eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del IPad.


INSTRUCCIONES PARA CARGAR UN IPAD

Allá en el fondo está la Web, pero no tenga miedo. Sujete el IPad con una mano, tome con dos dedos el cable del cargador, enchúfelo suavemente a la red. Ahora se abre otro plazo, los blogs despliegan sus contenidos, los usuarios envían tweets, el IPad como un abanico se va llenando de si mismo y de él brotan el aire, las brisas de Youtube, las sombras de Instagram, el perfume del Vine repetido hasta la saciedad. 

¿Qué más quiere, qué más quiere? Cójalo pronto en sus manos, déjelo navegar en libertad, imítelo anhelante. El miedo ensucia la pantalla, cada seguidor que pudo alcanzarse y fue olvidado va corroyendo las baterías del IPad, gana, fragmentando la fría memoria de sus pequeños bits. Y allá en el fondo está la Web si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

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